Cuatro encuentros para dejar de reaccionar en piloto automático y empezar a vivir, conversar y decidir con más presencia.
Contestás un mensaje de golpe y después te arrepentís. Te defendés en una reunión cuando no querías. Te quedás callado cuando tenías algo importante para decir. O simplemente sentís que el día te pasa por encima, sin que puedas elegir cómo respondés.
Eso es el automático. Y no es un defecto de carácter: es un hábito. Y los hábitos se entrenan.